Cita


"No podem canviar les cartes que ens han repartit, però encara hem de jugar la partida."

Randy Paush



dissabte, 12 d’abril de 2008

ELIZABETH Y ROBERT


Érase una vez una poetisa que vivía retirada como una princesa en una torre. Sólo la poesía era su lazo con el exterior. Su salud era muy delicada y pensaba que moriría pronto. Pero un día recibió una carta que decía así: " Amo su poesía con toda mi alma, y la amo a usted también". Estas palabras eran de un hombre que también era poeta. Comenzaron una correspondencia que continuó hasta que los dos, enamorados ya el uno del otro, se casaron en secreto y se fueron a Italia donde vivieron juntos hasta la muerte de la poetisa.


Ella era Elizabeth Barret y él Robert Browning. Elizabeth escribió Sonnets from the Portuguese, Sonetos de la dama portuguesa, como una declaración de su amor a Robert. En ellos expresa todos sus sentimientos, dudas, temores... En ellos agradece a Robert que la haya arrancado de los brazos de la Muerte gracias al Amor.

Repíteme, repite de nuevo que me amas,

pese a que la insistencia pudiera parecerse

a la canción del cuco, como tú mismo dices;

mas recuerda que nunca llegó la primavera

galana con sus verdes a llanura o colina,

a los bosques y valles, sin la canción del cuco.Amado,

yo encerrada en tinieblas, escucho

a un espíritu ignoto i grito en la ardua duda:

"¡Di otra vez que me quieres!" Pues ¿quién ha de temer

demasiadas estrellas girando en los cielos,

ni demasiadas flores coronando el verano?

¡Di que me quieres, dilo, que me quieres, y ofrece

repetición de plata! Mas no olvides tampoco

el quererme en silencio, desde lo hondo del alma.

Si debes, pues, amarme, que no sea por nada

más que por puro amor. No debes decir nunca:

"La amo por su sonrisa, por su aspecto, su modo

tan donoso de hablar; o por esa agudeza

que tan bien concordó con la mía y me trajo

tan placentero agrado cierto día".

Pues, solas, estas cosas pueden, amado mío,

cambiar en tu concepto y, con el cambio, cambie

amor que así nació. No me quieras tampoco

por tu tierna piedad que seca mis mejillas:

¡Quien gustó tus ternuras puede perder sus lágrimas

y con ellas, acaso, pierda también tu amor!

Ámame por amor tan sólo del amor

y tenga así tu amor de amor la eternidad.

Elizabeth Barret Browning (1806-1861).

(Per cortesia de Tamara)